Cuando llegaban las vacaciones, nos visitaban Tío Luis y Tía Dila, casi siempre los acompañaban los primos Sandra y Toñín. Era una gran alegría verlos porque su llegada nos aseguraba diversión y compañía.
Pero sucedía casi siempre, cuando nos íbamos a montar en el carro de Tío Luis, todos nos peleábamos por ir sentados en una ventana. ¡Imagínense! Éramos 5, y solo había disponible las 2 ventanas traseras, porque Tía Dila iba delante. Y la pregunta ¿a quién no le gusta ir sentado al lado de la ventana de un carro? No me digan que no lo han hecho, porque hasta en los buses o aviones he visto esta escena.
El hecho de estar cerca de ella denota mucho nuestra personalidad. Nos hace libres, sin embargo, hoy en día, dos psicólogos se han entregado a crear la “La teoría de la ventana de Johari”, y lleva este nombre en honor a sus creadores que son Joseph Luft y Harry Ingham.
Esta ventana plantea cuatro áreas de nuestra personalidad.
La libre es aquella que incluye todas nuestras facetas de fácil conocimiento. La oculta son nuestros sentimientos y experiencias más íntimas, la ciega lo que ven los demás de nosotros mismos, y la persona no lo ve y la desconocida ésta no la conoce nadie. Son nuestros impulsos más profundos.
¡En fin! Una ventana significa mucho para todos nosotros, y en todos los niveles. Sigan sus impulsos, y cuando vayan a montarse en un carro haga su rutina, y pida la ventana, a ver si tiene suerte y me saluda por donde vaya.
Lic. Brigitt de Sánchez
CNP 16616
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